CASA SAN SERGIO
Via Crocifissalto, 2 - 50135 Setignano (FI)
ITALIA
Es la “Casa madre” de la Comunidad. Se encuentra en las laderas de los cerros florentinos en una posición encantadora entre olivares. El Padre llegó allá en 1954. Después de vivir algunos años en un instituto de hermanas en Florencia, sintió que tenía que empezar una experiencia más fuerte, solo o con compañeros. Dejado el instituto, vivió unos seis meses en un yermo de Monte Senario con un discípulo muy joven. Como no podía estar siempre allí, se dio a buscar en los rededores de Florencia algo adecuado. De inmediato encontró esta casa en Settignano, deshabitada desde hacía años, y la compró con el auxilio de una persona de la Comunidad. Dedicó la Casa a San Sergio de Radonezh, padre del monaquismo ruso y patrón de la misma Rusia. En ese tiempo nadie conocía el monaquismo de los estaretz: Sergio, Serafín, Silvano... El Padre Divo, como lo había estudiado en los rarísimos textos que en ese entonces se podían conseguir y se había enamorado de esa clase de monaquismo, más sencillo y humilde en comparación con el occidental, quiso dedicar la primera Casa al grande Santo ruso.
Desde entonces el Padre siempre vivió en Casa San Sergio. Hoy viven con él diversos hermanos. Desde el principio el Padre deseó que la vida religiosa de los que viven en las Casa de vida común se inspirara en el monaquismo ruso: vivir para Dios sólo, en la alabanza y lo esencial, con un estilo de gran sencillez, humildad y pobreza, en número pequeño. No grandes conjuntos, no grandes abadías, sino pequeños grupos de hermanos o hermanas (seis o siete, no más) un poco afuera de las ciudades para guardar el silencio y el recogimiento.
El horario de Casa San Sergio corresponde a las exigencias de una vida retirada, con la liturgia y las oraciones en común (se reza el Oficio romano entero), el estudio y el trabajo. Viva y profunda es la relación con los hermanos quienes pertenecen a las demás tres Ramas de la Comunidad: quien desee retirarse un rato puede hospedarse en Casa San Sergio, aceptando respetar la vida de los hermanos y el horario de la Casa. Cada mes la Casa se abre a todo el mundo para un retiro: con esa ocasión llegan de Florencia y de otros lugares hermanos y hermanas de la Comunidad, amigos y personas para compartir una jornada de meditación y oración con los hermanos de Casa San Sergio.
Además en Casa San Sergio se pueden conseguir los escritos del Padre fundador, quien a través de su vasta producción, dio y sigue dando una contribución enorme para el enriquecimiento espiritual de sus hijos y de toda la Iglesia.
EL EREMITORIO

En la mente del Padre Fundador siempre hubo el deseo de tener un lugar de absoluta soledad, de retiro y de desierto. Los grandes monjes rusos, empezando por San Sergio de Radonezh, se internaban en las florestas y construían simples eremitorios de madera donde vivían en la pobreza absoluta, en el silencio y la oración continua. También la Comunidad de los hijos de Dios tiene su eremitorio que está escondido en los cerros escabrosos y verdes de la Toscana, en el triángulo formado por Pisa, Siena y Volterra. Un tiempo fue un horno de ladrillos y estaba abandonado desde hacía años cuando se la donaron al P. Divo Barsotti, con tal que el lugar ése se volviera en lugar de oración. Y entonces, hacía 1960, el Padre, con algunos jóvenes discípulos quienes querían compartir con él el ideal monástico en su primitivo rigor, subió a aquel cerro toscano con pico, pala y cemento, participando también él en la fase inicial de la edificación de una estructura simple y sobria, con celdas y capilla: es el Eremitorio del Horno, dedicado a la Santísima Trinidad, justamente como el primer eremitorio que se construyó San Sergio en las aisladas florestas rusas unos seiscientos años atrás. Para mantener el ambiente pobre y austero dotaron el Eremitorio sólo de estufas de leña: no hay ni corriente eléctrica, ni gas, ni agua potable. El Padre Divo, también después de la restauración, se fue al Eremitorio algún tiempo, dedicándose a la apicultura, vivendo con nada, pero centrando todo en la vida litúrgica que daba el ritmo de la jornada. Luego el Eremitorio se usó, y todavía se usa, no para habitar, sino para retiro y asuetos de hermanos o hermanas de la vida común o de las otras Ramas de la Comunidad. Es el lugar del silencio. Porque los monjes son los peregrinos del silencio.
Así escribe el P. Divo Barsotti en sus diarios: “La presencia de Dios es el silencio puro. Tú no puedes constreñirle a Dios, pero si dejas lugar al silencio, entonces el silencio se hace Palabra suya: Él te habla”. Los hermanos y las hermanas de la vida común se retiran aquí a menudo, solos o en pequeños grupos, y una vez al mes todos juntos para una jornada comunitaria de oración. Es posible también acoger a quien desee retirarse en la oración y la pobreza. El Eremitorio de la Santísima Trinidad queda lejos de centros de población, entre bosques, y así debe permanecer: desconocido por los hombres, escondido en el corazón de Dios. Su nombre – Santísima Trinidad – indica el camino y el fin de su existencia.
CASA DE LA TRANSFIGURACIÓN
Via del Rossellino, 7 – 50135 Settignano (FI)
ITALIA
Entre las Casas de la CFD, la de la Transfiguración es la más querida, porque es la cuna de la vida común, la femenina. Desde hacía tiempo se sentía la exigencia de una casa cerca de Casa San Sergio y se encontró una para restaurar, muy sencilla y de un insólito color rosado, sumida en el verde relajante de los olivares y colocada en la ruta para San Sergio, apenas fuera de Settignano; correspondía perfectamente a la que la Comunidad buscaba.
Con el contributo generoso de muchos, la Comunidad logró adquirirla en 1968 para poder realizar por fin el sueño de una vida común femenina estable. Después de construir en la planta baja una pequeña capilla, la casa de civil se volvió de verdad una Casa de oración.
El nombre que se le impuso era y es un programa y una promesa: Casa de la Transfiguración, para recordar una de las fiestas fundamentales de la Comunidad de los hijos de Dios y de todos los contemplativos. El Padre Fundador siempre percibió en la Fiesta de la Transfiguración del Señor (muy querida por los cristianos ortodoxos) un elemento central de la vida no sólo de Cristo, sino también del cristiano.
Dice el Vademécum: «Jesús era Hijo de Dios también antes de que se transfigurase delante de los discípulos y nosotros somos hijos de Dios aún antes de participar en la Transfiguración. Pero si nosotros queremos celebrar el misterio de la Transfiguración, podemos celebrarlo solamente en la medida en que nos hacemos conscientes de esta adopción filial. La generación del Verbo se cumple en la divinidad, pero cuando Él se encarna, la generación se realiza en el vientre de María, en el seno de toda la humanidad. Entonces desde las entrañas de la naturaleza brota este manantial de luz: es un borbotón de agua viva que sube al cielo, una luz que lo ilumina todo. Ésta es la virtud cristiana: el nacimiento del Verbo en el corazón del hombre. Y más aún: la Transfiguración de Cristo debe ser nuestra transfiguración, deber y cumplimiento de la vida presente y de la de mañana, luz y pura escucha de las palabras del Padre: “Tú eres mi hijo”, contestando con las palabras del Hijo: “¡Abbá, Padre!”.»
Pero los frutos no maduraban y la primera tentativa no tuvo buen éxito, así la Casa siguió acogiendo a hermanas “peregrinas”, consagradas en las primeras Ramas, para períodos de retiro y oración, aprovechando de las celebraciones litúrgicas de la cercana Casa San Sergio.
Sólo en 1978, llegando las dos primeras hermanas, empezó una fuerte experiencia de vida contemplativa, en la soledad y el silencio, pero manteniendo abierta la Casa para la hospitalidad. En 1985 se agregó otra muchacha, luego una cuarta, y así sucesivamente hasta no tener celdas para todas. Comenzaba entonces el éxodo para nuevas Casas... La Casa no podía acoger a más de seis o siete hermanas, porque este número reducido permitía un ambiente familiar y espontáneo y para dejar lugar a huéspedes, de la Comunidad y no, deseando paz y oración. La característica de la hospitalidad de estas hermanas era compartir su vida y su casa: “Invitamos a los huéspedes a entrar totalmente en nuestros horarios y trabajos, sin excusas o reservas”.
En la Casa se desarrollaban diversos trabajos: fuera de los normales quehaceres, se cuidaban el jardín y una huerta, se preparaba el Noticiario mensual de la Comunidad de los hijos de Dios, se pintaban íconos según la tradicional técnica rusa y se labraba y cocía el barro. En los últimos años la Casa de la Transfiguración fue sede del Noviciado masculino y ahora es otra vez Casa para hospedar.
CASA DE LAS BIENAVENTURANZAS
Via dell’Olmeto. 7/F – 50135 Settignano (FI)
ITALIA
La Casa, rodeada de olivos, se nombró Casa de las Bienaventuranzas refiriéndose no sólo al programa de vida proclamado en el Evangelio de San Mateo, sino también por la vista estupenda que se goza desde allá.
El verde, el silencio, la posición aislada hacen la Casa de las Bienaventuranzas muy adecuada para facilitar el recogimiento necesario al desarrollo de vocaciones contemplativas. En la Casa se realizó una sencilla y luminosa capilla.
CASA DE SANTA MARÍA DE LAS GRACIAS
Santuario Madonna di Pietracupa – 50020 San Donato in Poggio (FI)
ITALIA
Año de gracia 1990, 13 de octubre: se estrena la Casa de Santa María de las Gracias en San Donato in Poggio. A las dos hermanas quienes primeras se establecieron en esta Casa (las mismas que “fundaron” la vida común femenina) se encomendó la custodia del Santuario de la Virgen de las Gracias de Pietracupa. Se trató de la primera Casa anexada a un Santuario de la Virgen y la ofreció a la Comunidad el Cardenal Arzobispo de Florencia, Silvano Piovanelli.
CASA Y SANTUARIO DE LA MADONNA DEL SASSO
Santuario Madonna del Sasso – 50060 Santa Brigida (FI)
ITALIA
“Acoged la Palabra del Evangelio así como yo acogí la Palabra de Dios en la Anunciación”. Ésta es la invitación que la Virgen María hizo más de hace quinientos años (1484) desde la peña del Sasso, apareciendo, sentada en esa peña y con el Evangelio en sus manos, a las pastorcitas que habían subido para orar. Desde entonces, por esta invitación acuden al lugar, en religioso silencio y en oración, las gentes de los amplios y bellos valles circunstantes.
También a los hermanos de la vida común los llamó la Virgen para que permanecieran en el Sasso, a través de hechos claramente no casuales, de los cuales el Señor se sirvió para darles la custodia del Santuario.
La vida de la pequeña comunidad pasa humilde e intensa, ritmada por la oración, el trabajo y el estudio y se entreteje con la del Santuario, animada por la fe sencilla de muchos peregrinos y devotos, que eligen el Sasso como centro de su vida de comunión con Dios por medio de la experiencia de la maternidad de María.
Los edificios del Santuario, que se levantaron desde 1490 hasta el siglo XIX siempre de un estilo muy sencillo y adecuado a la gran hermosura de la naturaleza circunstante, acogieron fácilmente a los hermanos y los ayuda mucho a mantener la esencialidad y sobriedad que caracterizan su vocación.
Rodeados por el bosque que cubre toda la montaña en que surge el Sasso y al mismo tiempo asomados y casi suspendidos sobre los valles y los cerros dominados por el Santuario; envueltos y protegidos por el silencio de la naturaleza que así delata el misterio de su sagrada belleza, los hermanos de la vida común respiran el respiro del creado. Su oración no daña aquel silencio, sino que se une a la armoniosa solidaridad entre las criaturas todas, llamadas a existir para proclamar la grandeza del amor y la sabiduría del Creador.
La Presencia de Dios se advierte dondequiera: en la pequeña capilla interior cuyas ventanas se abren sobre horizontes inmensos dibujados maravillosamente por el dedo de Dios, verdadera “sala superior” (ver Lc 22, 12) en la cual diariamente se vive el misterio de la Cena Sagrada; en la pequeña cripta bajo la iglesia y casi excavada en la peña, corazón del Santuario que late por las oraciones ofrecidas delante de la imagen de la Virgen de las Gracias; en el patio que precede la iglesia por un lado abierto ampliamente hacia el mundo; en las sendas que atraviesan el bosque de castaños... Dondequiera Él espera a sus hijos para enseñarles una oración sencilla y verdadera, hecha de palabras y aún más de estupor y gratitud, que cada día ellos deponen en las manos de la Madre para que su amor y su dedicación a aquel Dios quien es también su Hijo la haga más eficaz.
Sobre todo aquí, a los pies de la Madre, la oración de los hermanos es apenada intercesión por el mundo entero, por aquel mundo que busca siempre una Roca como agarradero para encontrar seguridad y estabilidad y que – aunque no se dé cuenta de eso – anhela el Evangelio, única vía para que el hombre halle otra vez a sí mismo en Dios. En el Sasso, entonces, Dios y su Madre quisieron la Comunidad para que la vida de cada consagrado sea vida en Cristo y, como tal, se abra al misterio de la Iglesia, convocación universal de todos los hijos quienes se encuentran para escuchar y rezar a Dios, sin barreras o discriminación.
De esta Iglesia, Madre y Maestra de todos, María es aquí la señal viva y la muy tierna imagen, por su seguido entregarnos el Evangelio de su Hijo y llamarnos familiarmente al misterio de su primer encuentro con la Palabra de Dios en la Anunciación.
CASA SAN GREGORIO
Via per Chiavazza, 30 – 13856 Vigliano Biellese (BI)
ITALIA
Esta Casa de la Comunidad, la primera de la IV Rama fuera de la Toscana, está en el cerro de Moncavallo que domina el municipio de Vigliano, a las puertas de Biella.
Hasta hace pocas décadas era una alquería habitada por tres campesinos y propiedad de una antigua familia piamontesa que, después de restaurarla, la donó a la CFD en el enero de 1993, bajo sugerencia de los Padres de San Felipe Neri de Biella.
Con la Casa los hermanos de la vida común recibieron también dos hectáreas de tierra que constituyen la fuente primera de su trabajo. En una hectárea, el cerro desciende en terrazas hacía el llano y es cubierto por una viña muy antigua. El resto del terreno fue también viña, mas por un largo abandono se ha vuelto bosque y zarzal.
El trabajo de los hermanos se encaminó a restaurar la viña y recuperar la tierra conquistada por las zarzas. De la uva se obtiene un vino precioso de larga crianza, el Nebbiolo o Spanna. Luego comenzaron a plantar árboles frutales y a destinar a huerta algunas parcelas de tierra bien soleadas. Tiene abejas para producir miel siempre más apreciada y buscada por los hermanos de la Comunidad. La labor agrícola es la riqueza material de esta Casa que en el mismo tiempo goza de la generosidad y contribución, tanto al trabajo como a la oración, de muchos amigos y miembros de la Comunidad quienes viven en la comarca.
Aquí se realiza la unión entre las Ramas de la Comunidad, así como la ideó y quiso el Fundador. La Casa se hace un referente para los hermanos de las tres primeras Ramas quienes pueden ir para la oración común y la personal, para encuentros de formación, períodos de recogimiento y retiro, etc., sin dejar de actuar en sus parroquias y en las realidades de la diócesis. Antes bien, a los hermanos de la vida común, de vez en cuando, los llaman los párrocos para celebraciones especiales o encuentros de oración.
Cada mes acogen con alegría a consagrados y simpatizantes con ocasión de los Retiros, pero no faltan momentos para otras reuniones al rededor del altar y de la mesa.
CASA MATER MISERICORDIÆ
Via per Chiavazza, 30 – 13856 Vigliano Biellese (BI)
ITALIA
En el mismo parque en que surge Casa San Gregorio, recién se ha abierto Casa Mater Misericordiæ, en la cual viven algunas hermanas de la IV Rama, dedicadas a la iconografía y disponibles para hospedar.