ESPIRITUALIDAD DE LA CFD
La espiritualidad de la CFD quiere ser una espiritualidad monástica.
El Vademécum de la Comunidad explica:
“Cristo debe hacerse presente en el mundo por medio de nosotros. Por eso el contemplativo debe vivir en el mundo.
Nuestra misión es ser nosotros la presencia de Dios en el mundo: a eso nos compromete nuestra vocación cristiana y la consagración que hacemos en la CFD.
Éste es el testimonio que el Señor nos pide: no querer, no pedir, no ser nada, sino ser sólo una voz que anuncia la presencia de Cristo, una señal de la presencia de Dios.
Se nos impone que vivamos una vida teologal, enterándonos de que ante todo Dios nos manda el acto interior que siempre es una adhesión a su verdad y una obediencia a su voluntad de amor. La vida espiritual, entonces, ante todo es ejercicio de virtudes teologales: por eso se puede decir que el amor está antes del ser...
Debemos vivir para Dios, pero sin sentir a ninguno como extraño... El don más grande que se pueda dar a las almas es transmitirles el sentido de la trascendencia divina, en comparación con la cual todos los demás valores no existen. Nosotros queremos vivir en la divina Presencia, nos sentimos comprometidos a tener este sentido y transmitirlo a los otros... Hay que reconducir el mundo a ese sentido de lo sacro que ha perdido. Debemos ser testigos de un contacto con Él, de una alegría que nos haya dado su Palabra, de una inquietud que hemos probado al encontrarnos con Él: alegría que deriva de la intimidad con Él, inquietud que viene del hambre que nos dejó el contacto con Él”.
Conque la primacía les corresponde a los valores contemplativos y al ejercicio de las virtudes teologales. Alimento de la vida espiritual es la “lectio divina”, es decir la lectura y meditación se la Sagrada Escritura y de los textos de la Tradición. La participación asidua en la vida litúrgica y sacramental constituye un pilar de la vida del monje, en el cual todo apoya. La Liturgia de las Horas se debe vivir como prolongación de la divina Liturgia y participación viva del cristiano en la salvación del mundo.
El ideal monástico de la Comunidad de los hijos de Dios tiende a lo esencial: la búsqueda de Dios como Absoluto en el total abandono en su voluntad, un monacato en el mundo, interiorizado. El antiguo monaquismo nació como movimiento laical y ha de permanecer de los laicos, según el P. Divo Barsotti.
Los puntos básicos de la espiritualidad de la Comunidad de los hijos de Dios se pueden resumir de la siguiente forma:
Se lee en el Vademécum:
“Vivir una vida contemplativa es cierto que quiere decir trascender el mundo, pero significa también llevarse adentro todo el mundo. La vida contemplativa hoy exige de nosotros que vivamos en el corazón de la situación no sólo de la Iglesia sino del mundo. El contemplativo no se encierra dentro de sí, no se envilece en su pequeño mundo, sino que, justamente por ser un contemplativo, debe adquirir las medidas mismas de la caridad divina y tneder ahcia Dios arrastrando consigo todo el mundo humano en el cual vive. La soledad del alma contemplativa es el seno de Dios en el cual debes llevar el universo.
Os hablo a vosotros, padres: nunca daréis algo más grande, nunca dejaréis heredad mayor a vuestros hijos sino el ejemplo de vuestra vida de oración y santidad. La vocación a nuestra Comunidad es vocación a la santidad, porque es vocación a la unión con Dios”.